Pescando una doncella

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Pescando una doncella

Mensaje  Perro de Agua el Mar Ago 04, 2009 10:31 am

Hace algunos
años en uno de mis tantos viajes de pesca con el “loco” chemaria Estebanes al
alto Apure conocí un ramal del río capanaparo donde la abundancia de bagres era
conocida por los lugareños como de las mejores.


Para ese viaje
decidimos irnos tres personas de Trujillo, el loco, silverito y yo y dos de
Barinas, el negro y su mamá que era quien se encargaba de preparar las comidas
de todos durante la estadía por esos parajes tan bellos de Venezuela. El viaje de ida trascurrió sin novedades,
todo a la perfección hasta llegar al sitio.
Llegamos al Hato Puerto Lindo y nos instalamos en la casa a escasos
ciento cincuenta metros del rió.


Por la tarde
nos fuimos a recoger unas guabinas para utilizarlas como carnadas vivas en las
marotas (las marotas son un implemento de pesca compuesto por un anzuelo
grande, un mecate respetable de unos 5 o 6 metros de largo y plomo
suficiente para sostenerlo en el agua), de ahí nos fuimos directo al rió a
pescar bagres rayaos, cajaros y doncellas.
El bote que utilizamos fue un lanven de aluminio de 12pies y un motor
yamaha de 25hp, para embarcar los pescados utilizábamos un gancho largo y toda
la pesca la realizábamos de noche.


La primera
noche colocamos unas marotas rió arriba por insistencia del loco pues
consideraba que en los rápidos era fácil obtener buenos ejemplares, yo no estuve
de acuerdo pero igual hicimos el trabajo acorde a lo dispuesto y a eso de las 9
de la noche ya todos los anzuelos esperaban a su victima. A media noche fueron a revisar los anzuelos y
yo no los acompañe pues no vi la lógica
de poner anzuelos en los rápidos. Uno el pescador con tantos años de
experiencia sabe que en los rápidos la payara, la sardinata, el róbalo o el salmón,
pero bagres? que se sabe cazan utilizando entre otros los órganos de percepción
ubicados en sus bigotes. Aposte a que
las capturas fueran escasas y no me equivoque cuando la noche termino y el alba
se cubría de leve roció mañanero, el canto de las chenchenas y paujiles ensordecían
el derredor del campamento, llegaron los
pescadores de su tercera ronda de revisión y tan solo habían logrado capturar
cuatro bagrecitos que lo que daban era lastima.


El día trascurrió
normal como cualquier otro, el desayuno de la arepita con queso, el almuerzo de
pisillo de venado y la larga espera de la tarde para ir a buscar la carnada
viva. Yo casi nunca voy en busca de
carnada y ese día no fue la excepción, me quede discutiendo con el loco los
pormenores de la técnica de pesca y le pedí me dejara tomar las decisiones de
cómo y donde armar los anzuelos. Luego de una discusión bastante acalorada y la
sucesiva apuesta decidimos que yo armaría 15 anzuelos rió abajo mientras que el
iría rió arriba con 22 anzuelos, tomando
el la ventaja de armar primero y con mas ayuda.
Cuando llego la carnada nos fuimos los 4 a armar y la sorpresa de los
sitios escogidos para poner los anzuelos fue tan inmensa que yo decidí doblar
la apuesta de lo pautado. Una ves
terminamos de armar sus marotas, llevamos al loco a la orilla y nos enrumbamos rió
abajo con el motor apagado para ir calculando donde armaríamos mis
anzuelos. Casualmente el primer sitio se
veía tan bueno y la corriente nos deposito en la orilla que colocamos una
marota con una palometa de tamaño regular y seguimos a motor lento por el medio
del rió. La zona prometía tanto que decidimos comenzar a armar en los remansos
y laderas apoyándonos en las ramas para amarrar los anzuelos.


En total
bajamos como un kilómetro y remontamos colocando los últimos 3 anzuelos que
faltaban a eso de las 8 de la noche, cuando ya veníamos llegando al campamento oímos
un estruendo y miramos hacia el sitio donde colocamos la primera marota y se podía
apreciar que había algo grande, le
llegamos por arriba y embarcamos el primer butterfly o bagre rayao, nada mas que de 14 kilos (fue pesado en la
orilla), un enorme monstruo para ayudarme en la apuesta. Cuando llegamos al campamento el loco no podía
creer que ya habíamos sacado un bagre en menor tiempo que lo que canta un gallo, y para castigarnos o hacer trampa se invento
la excusa de que no había carne para comer y era necesario que fuésemos a cazar
un venado.No nos gusto mucho la idea y salimos a
toda carrera con la camioneta de batea el rifle y la lámpara para tratar de
regresar lo más pronto posible a nuestra pesca. La noche era tan oscura que
cada ves que prendíamos el reflector la luz atraía a toda clase de insectos y
en su mayoría a unas avispas enormes de las denominadas culoejojoto cuya picada
lo dejaba a uno temblando de dolor, es mas tengo un amigo que lo mando una de
una picada para el hospital en otra oportunidad en un viaje a la Pica. Retomando el
relato, por fin logramos ver un venado y
darle muerte de forma rápida y sencilla para regresar al campamento y volver al
agua, este es otro cuento que después se los narro.


El loco tiene
una manera o estilo muy raro de pescar con marota y sale solo después de la
media noche, como eran las 11pm
decidimos irnos a revisar los anzuelos a ver si algo había caído. Nos recostamos
a la barranca contraria al campamento para revisar hacia abajo y subir por el
lado opuesto que solo tenia 4 anzuelos. Bingo en la primera marota había un pez
y yo le paso la filmadora, el mando del motor y la lámpara a Silverio para que
tome algunos recuerdos del evento y me dispongo a enganchar lo que sea que este
en el anzuelo. Cuando lo saco era un
simple cajarito de unos 7 kilitos si mucho y decido retomar mi puesto de
piloto. Reviso la filmaciòn y me doy
cuenta que no todos saben filmar, cuando
no me cortaba parte del cuerpo simplemente no salía el pescado en la toma, definitivamente malísimo y eso me obligaba a
hacer yo todo el trabajo y los demás gozarse el evento.


Seguimos
bajando y en una marota que se encontraba debajo de unos arbolotes atada a una
de sus ramas había algo muy grande y fuerte
tirando para todos lados y en todas direcciones con una fuerza
impresionante, yo me senté en el motor,
coji la filmadora con una mano y la lámpara en la otra. Increíblemente sujetaba
el bote en el sitio con mi cabeza que afincaba contra la misma rama donde
estaba amarrado la marota. El bote se
estremecía con cada jalón, mi cuerpo bajaba y subía para compensar los
movimientos del agua y no deslizarnos rió abajo, la cuerda de la marota la
sujetaba el negro y cada ves que intentaba dominarlo el pez le arrancaba la
cuerda de la mano, luego de una pelea que parece que hubiese durado una
eternidad logramos verle la cabeza al monstruo, era una doncella descomunal y
Silverio que era quien tenia la responsabilidad de engancharla, estaba todo
asustado con el tamaño del animal, gritaba “cánsenlo
o péguenle un tiro porque ese animal me va a tirar al agua
”, a los hombres
cobardes(supuestos guapos) siempre se les mete el agua cuando saben que el
contrario tiene oportunidad de ganarles.



El negro no
aflojo y siguió batallando hasta que Silverio logro enganchar la bella doncella
y embarcarla, puedo asegurar que estuvo a punto de arrojarlo al agua.
Guao!! No cabíamos de la emoción, nunca
ninguno de nosotros había visto una doncella tan grande y poderosa, era un
animal de esos que lo marca a uno para siempre con el recuerdo del pasado y de
ese momento que nunca se borra de la mente, cuando todo paso colocamos otra
carnada y nos dejamos chorrear rió abajo pero nos dimos cuenta que el motor no quería
prender, nos orillamos y durante mas de
media hora le dimos cabuya y nada. Tuvimos que tomar la decisión de atravesar
el rió y remar rió arriba hasta el campamento.


Nadie se
imagina la odisea que esto implica en un rió tan caudaloso y fuerte con tantos
peligros asechando por doquier, de paso que limitados a que se acabara la batería
de la lámpara, sin comida y con bastante frió.
Cuando uno se accidenta se le vienen todos los males al cuerpo. Remamos hasta un banco de arena y era como
pasada la media noche y decidimos descansar, a lo lejos y en la otra orilla se oían
los golpeteos de los bagres que caían en los anzuelos pero sin que nosotros tuviésemos
forma o fuerzas para atenderlos, yo
busque algunos palos secos y saque un poco de gasolina con la intención de
hacer fogata, a decir verdad temía que algún caimán se acercara y nos
consiguiera desprevenidos, cansados y dormidos. Al rato ambos compañeros
roncaban como imitando a Morfeo en un sueño placentero, yo decidí quedarme
despierto a cuidar y pronto conseguí como mantenerme activo, llegaban
tortuguitas de todos lados en la arena, del tamaño de un fuerte de plata y comencé
a agarrarlas y meterlas en la caja de los anzuelos. Al cabo de una hora el sueño me venció y
cuando el frió me despertó decidí despertar a los pescadores y retomar la
remontada.


Cuando ya casi
amanecía fue cuando por fin llegamos al campamento y las personas de allá,
estaban bastante preocupadas por nosotros pues nos esperaban a la media noche y
teníamos 6 horas de retraso, después del
respectivo cuento pesamos la doncella, bebimos café y nos preparamos
para ir con el encargado del Hato y unos ayudantes río abajo con un motor eléctrico
y remando para recoger todos los anzuelos. Que molleja!!! Y con lo cansados que
estábamos nos toco igualito salir a resolver el inconveniente.


Cuando estas
cosas suceden, todo esta destinado a salir mal y no hay excepciones,
simplemente todo te sale al revés. Bajamos por la banda contraria del río y en
cada marota que retiramos conseguíamos escenas parecidas, cuando no encontramos
un bagre en esqueleto producto de los caribes, conseguíamos los anzuelos
enderezados en las copas de los árboles, o peor aun conseguíamos las cabuyas
cortadas. Ustedes se imaginan la fuerza
y tiempo de pelea de un animalon de esos para cortar un mecate de grueso como un cigarrillo. Yo quería
casi llorar de la impotencia pero ese era el destino. De todos los anzuelos recogidos
no sacamos un pez del agua y después de todo el esfuerzo el loco nos espero mas
abajo para sacar el bote y llevarlo mas arriba del campamento y tirarlo al agua
para recoger sus marotas.


Nada es tan
humillante y desesperante como el hecho de que te pongan a revisar sus marotas
y sepas que puedes perder la apuesta. En el primer anzuelo del loco que revisé,
de una ves apareció un rayado como de 10 kilos para atormentar mis
pensamientos, en los restantes 21
anzuelos no hubo ni un pez de consuelo, para mi alivio. Ya todo estaba escrito,
yo gane la apuesta y ahora el loco tendría que manejarme el bote y de paso
entregarme el mando como líder de expedición. Un solo inconveniente se me
presento y que no estaba calculado, el
motor no funcionaba y teníamos que repararlo para seguir pescando.


Desde las 10
de la mañana y como hasta las 2 de la tarde intentamos por todos los medios
posibles prender el motor y no fue hasta que apareció un señor del Hato vecino
que es un experto en motores, que supimos que el modulo de encendido electrónico
se había dañado!!!!! Fin de viaje!!!!
Ya todo era historia, gane la apuesta y perdí el premio pues a las 3 de la
tarde decidimos regresarnos para Valera con el rabo entre las patas, derrotados
por un motor pero contentos de haber batallado con ese animalon y con mucho
optimismo para regresar en una futura oportunidad.


No me importo
los muchos ruidos de las marotas sonando en la banda contraria del río, ni el
hecho del motor, solo importaba haber sacado ese animalon del cual guardo
gratos recuerdos en mi mente. Si me
preguntan les puedo decir que no me lo comí, ya habíamos cuadrado Silverio y yo
que se lo regalaríamos a Antonio Baptistel, un amigo mutuo, pescador y
compañero de otros muchos cuentos de pesca al Alto Apure. Lo único que si tengo
es un video en VHS que tengo que pasar a DVD o al computador y de alguna
manera compartir con ustedes ese bonito
momento de mi vida.





Saludos

Perro de Agua

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Re: Pescando una doncella

Mensaje  Peacock el Miér Ago 05, 2009 9:10 am

Perrooooooo!!!!! buen relato jocolor

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Re: Pescando una doncella

Mensaje  Perro de Agua el Jue Ago 06, 2009 12:05 am

cuando el tiempo me de licencia y ecuerde en que anecdota voy, sigo contando las historias que tengo escritas

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Re: Pescando una doncella

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